sábado, 23 de abril de 2016

El "cornetto": ese instrumento raro (y IV)

En algún momento, en clase de música, nos hablan de la clasificación de instrumentos. Lo habitual es que nos los agrupen en una serie de grandes categorías: cuerda, percusión, teclado y viento; categorías que se van refinando como cualquier otra clasificación taxonómica hasta llegar a algo similar a género-especie-subespecie (clarinete-soprano-en si bemol) :-D.

En el Orden de los vientos nos enseñan que hay dos Familias llamadas Madera y Metal (y alguna otra para encajar las ocarinas, por ejemplo), si me permitís seguir jugando con esta analógía biológica. A pesar de que el nombre define el material con el que deberían estar construidos -y en origen así fue- la realidad nos muestra que, sobre todo en la Familia de la Madera, encontramos Géneros construidos en metal (traveseras y saxofones) o de otros materiales, como fibra de vidrio o resinas sintéticas, en ambas familias (un helicón de fibra de vidrio ¿es de metal?; un clarinete de resina ¿es de madera?), así que me apetece dejar claro unos criterios para saber si un instrumento de viento es de la familia de la madera o del metal. Los criterios sólo son tres y son muy fáciles de entender:

  1. Longitud del tubo.
  2. Producción del sonido.
  3. Modulación del sonido.
  1. Atendiendo a la longitud del tubo, los instrumentos de la familia de la madera tienen una longitud relativamente corta, frente a la comparativamente mucho más larga de los instrumentos de la familia del metal, para producir una misma nota. Sólo hay que pesar en la longitud de una travesera y la del tubo que forma una trompeta.
  2. Atendiendo a la producción del sonido, en las maderas la vibración del aire la produce o bien el choque contra un bisel (el caso de traveseras o flautas de pico) o bien la vibración de una lengüeta normalmente de caña, simple o doble, mientras que en los metales es la vibración de los labios en una embocadura con forma más o menos de copa la que genera el sonido.
  3. Atendiendo a la modulación del sonido, en las maderas se emite una u otra nota tapando o destapando una serie de orificios -practicados a lo largo del tubo- por medio de los dedos, llaves o palancas. En los metales no hay orificios, las distintas notas responden a la serie armónica que depende de la longitud del tubo que, para poder recorrer toda la escala cormática, se alarga insertando pequeñas secciones de tubo, cosa que se consigue por medio de los pistones, las válvulas o el deslizar de la vara en los trombones y poder así generar distintas series armónicas. Dicho de otro modo, en las maderas acortas el tubo abriendo orificios, en los metales alargas el tubo añadiendo secciones.
Entonces, si un instrumento tiene una longitud relativamente corta, su sonido se produce por el choque del aire en un bisel o por la vibración de una lengüeta y se modula abriendo y cerrando orificios en el tubo, estamos ante un instrumento de viento madera.

Si por el contrario su longitud es relativamente larga (del orden de metros), su sonido se produce por la vibración de los labios sin ayuda de lengüetas y la longitud del tubo se modifica por la inserción de pequeñas secciones de tubo mediante pistones, válvulas o varas, estamos ante un instrumento de viento metal.

Si tenemos un instrumento de longitud relativamente corta, su sonido se produce por la vibración de los labios sin ayuda de lengüetas y éste se modula abriendo y cerrando orificios en el tubo, estamos ante un "cornetto", una lisarda o un serpentón que, además, salvo modelos modernos en resina, se construyen en metal. ¿Qué es el "cornetto"? ¿Madera? ¿Metal?

Parece que la tendencia es englobarlo en la Familia de los Metales ya que no tanto, o ya no sólo, por el tipo de boquilla que usa, sino que su timbre está más próximo al que asociamos con los instrumentos de metal que al que estamos acostumbrados para las maderas.

Raro hasta en esto.

jueves, 14 de abril de 2016

El "cornetto": ese instrumento raro (III)



Llevo varios dias dándole vueltas a cómo poner por escrito una idea sumamente sencilla que se me ha venido a la cabeza, para expresarla concisa y breve. Y no soy capaz.

El caso es que en esencia se podría decir que hay dos grandes grupos de instrumentos de viento madera atendiendo a su digitación: instrumentos en do e instrumentos en fa.

En una flauta de pico soprano, si cierras todos los orificios, suena un do. En una flauta travesera, si cierras los platos o anillos y llaves correspondientes a los mismos dedos, suena un do. Lo mismo ocurre con el oboe o el corno inglés. Incluso el traverso responde a este esquema, aunque no juegue el mismo papel el meñique de la mano derecha. Y, en el caso de saxofones, normalmente transpositores, el do escrito se obtiene del mismo modo, sea el saxo que sea. Otra cosa es la nota que suene.

En una flauta de pico alto, con la misma digitación, suena un fa. Y con esa misma digitación en el fagot suena un fa. Y en instrumentos de época suele suceder con sus versiones alto o bajo, como por ejemplo con el  cromorno, flauta de pico o chirimía.

Y, por último, tenemos el caso particular del clarinete que en su registro grave está en el grupo de instrumentos en fa y en el agudo en el de instrumentos en do ya que, por naturaleza, no produce armónicos pares y por tanto su “primer armónico” no es la octava sino la docena (octava + quinta).

Excepciones a la norma, como siempre, las hay. Y el "cornetto", como instrumento raro, es una de estas excepciones.

  • Con todos los orificios cerrados, una posición de dedos que en un instrumento en do correspondería a un re y en uno en fa a un sol, el "cornetto" emite un la (y con buena técnica de labio se puede incluso bajar al sol).
  • Con todos los de la mano izquierda cerrados y los de la derecha abiertos, posición que en un instrumento en do produce un sol y en uno en fa emite un do, en el "cornetto" emitimos un re. 
La digitación es en esencia la de cualquier instrumento de madera de la época –con algunas diferencias en las notas cromáticas, por ejemplo– pero desplazada con relación a cualquiera de los dos grupos habituales: ni responde a la digitación en do ni a la de fa.

Esto supone una dificultad añadida de la que nadie te advierte cuando empiezas. Si vienes de la madera te advertirán del nuevo mundo que supone la embocadura. Si vienes del metal te advertirán del nuevo mundo que supone utilizar los dedos de ambas manos. Pero nadie te advierte de que no hay esquema de digitación conocido que puedas aprovechar, recordar o asimilar, asumiendo que a estas alturas de la película todos hemos pasado en el colegio por la flauta dulce, con mejor o peor experiencia.

Viniendo del metal posiblemente dé lo mismo aprender una digitación u otra, pero viniendo de la madera es un pequeño obstáculo que se puede salvar de dos maneras. Una es evidente: aprender un esquema de digitación nuevo. La segunda, transportar; decidirse por la digitación más familiar, do o fa, y cambiar de clave al vuelo.

En mi caso, como voy viejo, hice el esfuerzo de aprender un nuevo esquema de digitación. Y si me esfuerzo, soy capaz. Pero me ha resultado mucho más cómodo recordar la lectura en clave de do en segunda y asumir el "cornetto" como un instrumento en do. Puede parecer una salida menos ortodoxa, no sé realmente cómo se desenvuelven los demás “cornettistas”, ya me enteraré, pero el sistema me da resultado y me resulta natural. Debe de ser alguna influencia por haber estudiado hace años algunos cursos de clarinete.

Y no os podéis imaginar lo útil que es desenvolverse con soltura con la transposición al vuelo cuando tratas de tocar un "cornetto" a=466 acompañado por tus amigos y sus instrumentos a=415: tratas al "cornetto" como un instrumento en do, cambias la clave de sol por la clave de fa en cuarta y ¡a tocar! (Y aquí es cuando descubres que Do Mayor tiene 3 bemoles :-D).