jueves, 5 de diciembre de 2013

¿Corcho o hilo?

Las flautas, al igual que otros instrumentos de viento madera, se componen de varias partes, normalmente dos o tres piezas, que hay que ensamblar. Estas uniones se construyen de forma que una porción, llamada espiga, de una de las piezas encaje en el interior de otra de ellas. Esta unión, que en el caso de flautas traveseras y saxofones es de metal contra metal, en el resto de la familia de la madera es, obviamente, madera contra madera.
Así como el metal es estable ante la humedad (lo que quiere decir que no anda expandiéndose y contrayéndose cada vez que entra en contacto con el aliento o deja de estarlo), con preparar las piezas para que encajen perfectamente una dentro de la otra sin holgura, el problema está resuelto.
Otra historia es la unión de madera contra madera. Si la espiga de madera encajara con tanta precisión como se requiere en las de metal, en cuanto la madera empezara a dilatar por acción de la humedad la espiga ejercería presión en su  alojamiento, y aparte del riesgo de fractura, sería prácticamente imposible separar ambas piezas o incluso hacerlas girar.
Si la espiga no se hiciera tan justa para reducir estos dos riesgos tendríamos otros dos problemas derivados de una unión demasiado floja: por un lado las piezas se moverían con facilidad la una respecto de la otra y por otro, la unión no sería estanca al aire, perjudicando la emisión del sonido.

Esto se soluciona con una espiga que entre sin tener contacto con la madera de la pieza en la que encaja e interponiendo algún tipo de material que, al tiempo que permite un buen sellado, tenga un comportamiento, vamos a decir "mullido" frente a la presión, que ceda a la presión comprimiéndose pero que recupere su volumen inicial al desaparecer esta.

Un material natural con estas propiedades es el corcho y de hecho se emplea en la actualidad, prácticamente en todos los instrumentos de viento madera en forma de una delgada tira de corcho entero alrededor de la espiga en la que se ha practicado un rebaje para alojarlo. El espesor del corcho es suficiente para que la espiga sea ligeramente mayor en diámetro que el espacio en el que ha de entrar. El corcho se comprime y sella la junta, convenientemente lubricado con, por ejemplo, vaselina.

Sin embargo, históricamente, el corcho no ha sido el material preferido para esta misión. En su lugar se enrollaban espiras de hilo, tantas como fuera necesario para dar firmeza a la unión de forma que no quedara ni demasiado apretada ni demasiado suelta. ¿Por qué se empleaban espiras de hilo en lugar de una fina tira de corcho? Por la misma razón que hace que se siga empleando el hilo en el fagot, en concreto en la espiga del bajo, la que se introduce en la culata: porque, además de ajuste y sellado, aporta fuerza a la espiga, mientras que el corcho sólo aporta ajuste y sellado. Siglos atrás los instrumentos pequeños podían hacerse de una pieza, eran los de mayor tamaño (seguramente porque sería más cómodo trabajar en su construcción por secciones y porque a partir de cierto tamaño sería imposible hacerse con la materia prima en una sola pieza) y a mayor tamaño más fuerza tiene que soportar la espiga.

Pero, además de proporcionar fuerza a la espiga ¿tiene ventajas el uso del hilo? El corcho, a pesar de su facilidad para comprimirse y recuperar su estado, también envejece y se reseca, puede perder volumen y dejar de realizar correctamente su función de modo que, llegado cierto momento, se haga necesaria su sustitución. Y, claro, requiere cierta destreza si lo quiere hacer uno mismo. El hilo, por supuesto, también puede perder volumen, pero tal vez sea más sencillo enrollar unas pocas vueltas más de hilo alrededor del ya colocado hasta dar con el punto justo de ajuste: si me quedo corto enrollo más; si me paso, quito vueltas. El hilo es sencillo de conseguir en cualquier mercería, siempre y cuando se trate de hilo de algodón; el corcho, sin embargo, no está tan al alcance de la mano.

En cuanto a la lubricación, así como el corcho puede lubricarse con vaselina, las espigas de hilo prefieren la cera natural de abeja. Como la cera a temperatura ambiente es sólida hay una receta que he puesto en práctica y que me ha dado buen resultado: consiste en derretir al baño María cera de abeja y añadir el mismo volumen, o un poco más, de aceite de oliva virgen extra para crear una pasta no demasiado cremosa, pero que con el calor del dedo se ablande lo suficiente como para poder extenderla con facilidad sobre la espiga. No es necesario hacer mucha, tengo una tarrina de 150 ml con la que creo que estoy abastecido de por vida y no me hará falta volver a preparar más pasta.

El tipo de hilo adecuado para enrollar es preferible que sea de algodón o de lino. El peor material es el poliéster. Esto se debe a que el hilo de poliéster es demasiado fuerte y elástico, lo que provoca que en cada espira la fibra ejerza presión sobre la espiga; además, al igual que en el caso del corcho, en la espiga se practica un rebaje que es donde se enrollará el hilo. Al enrollarlo es casi seguro que vamos a estirar ligeramente la fibra y esta va a tender a encogerse y recuperar su longitud en reposo presionando así alrededor de la espiga. La suma de todas esas presiones puede llegar a destruirla pocos días después de su colocación.

3 comentarios:

  1. No me queda demasiado claro el concepto de "fuerza" que aporta el hilo a la espiga.

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  2. Porque está muy mal expresado. El hilo fortalece la espiga. La espiga es un elemento muy débil: ya de por sí la madera no tiene más de 2 mm de espesor y encima donde se aloja el corcho o hilo se practica un rebaje con lo que aún se debilita más. Esto en una flauta de pico puede no ser tan importante y seguramente el hilo se coloca más por una cuestión de fidelidad al original que por practicidad,
    Piensa en la diferencia entre poner una tirita o hacer un vendaje.

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    1. Hola!! Acabo de conocer su blog, me gusta mucho. Yo creo que el hilo a diferencia del corcho aporta cierta tensión a la espiga dotándola de un refuerzo adicional.

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