lunes, 18 de noviembre de 2013

Rodaje o break-in

El rodaje no es sólo el modo en que vamos a acostumbrar a la flauta a enfrentarse con la humedad, sino que además va a servir para crear un vínculo entre músico e instrumento: tanto se va a adecuar la flauta a nuestra forma de tocar como nosotros nos vamos a acostumbrar a su personalidad y peculiaridades. Hay varios consejos sobre cómo efectuar el rodaje, casi tantos como flautistas, pero todos coinciden básicamente en lo mismo: hay que tocar todos los días, comenzando con pocos minutos en cada sesión, tiempo que se irá incrementando paulatinamente de semana en semana, tocando pasajes lentos o notas largas, al principio sobre el registro grave (aunque hay partidarios de tocar en toda la extensión del instrumento desde el primer día, no dejan de incidir en que no se abuse de la segunda octava en las primeras semanas) e ir subiendo conforme avanzan las sesiones de rodaje y, como siempre, secar el instrumento al terminar cada sesión.

El idea del rodaje es la de someter la madera a un paulatino contacto con la humedad y adiestrar a las fibras a absorber dicha humedad y dilatarse. El bloque suele ser de cedro rojo, que es una madera que absorbe bien la humedad, que apenas se deforma, que tiene muy poca dilatación y que regresa con facilidad a su tamaño original una vez se desprende de la humedad; por otra parte está la madera de la cabeza de la flauta que, sea la que sea, va a tener un comportamiento diferente ante la humedad (más lento o más acusado) y que por construcción, sólo va a exponer una pequeña región al contacto con la humedad.

Como resultado adicional, un buen rodaje de la flauta va a minimizar en el futuro el efecto de afonía debido a la obstrucción del canal con el exceso de humedad.

Por lo tanto tenemos dos maderas con dos comportamientos distintos ante la humedad en contacto una con otra, de modo que las tensiones provocadas por sus respectivas dilataciones van a enfrentarse: por un lado un bloque dilatándose constreñido por la cabeza de la flauta y por otro la cabeza de la flauta tratando de dilatarse hacia un espacio ocupado por un tarugo de madera. Así que conviene entrenar a las maderas "a llevarse bien" y, por estas mismas razones, el tiempo máximo para tocar es muy limitado.

¿Pero es para tanto? Pues sí lo es. Hace años llegó a mi poder una flauta de ébano (construida posiblemente en los 70, ya que he visto fotos de antes de los 80 en las que aparece) que presenta una fina raja en el lateral derecho que abarca toda la longitud de la pieza. Es fina como un cabello y apenas apreciable a simple vista, pero que, una vez que se empieza a tocar y en cuanto el bloque ha comenzado a dilatar, notas como rezuma por ella la humedad del aliento.

Por seguir un poco la tendencia de casi no publicar fotos de flautas de pico, voy a subir la foto de un mortero. Habíamos machacado algún ingrediente en su interior y, antes de fregarlo vertimos agua en él para ablandar y desprender algún resto. El caso es que se nos olvidó toda la noche con el agua dentro y esto fue lo que nos encontramos a la mañana siguiente:

Mortero
Mortero de madera rajado por el agua
El agua fue absorbida por las fibras interiores que comenzaron a dilatarse, pero las exteriores, al estar en contacto con el aire, más seco, no siguieron ese movimiento de dilatación. Llegó un momento en el que la fuerza ejercida por las fibras en dilatación venció a la que oponían las fibras exteriores dando por resultado la fractura que se aprecia en la imagen. Podéis haceros una idea de las fuerzas a las que se vio sometida la madera si adevertís que la fractura se ha producido en sentido perpendicular a la veta de la madera.

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