martes, 12 de noviembre de 2013

Afonía (II)

En la entrada en la que comenzaba a hablar de la afonía en la flauta, entre los factores que la provocaban o aceleraban su aparición, citaba la necesidad de calentar la cabeza de la flauta como prevención.

Recapitulando lo comentado en Mi flauta es un fipple (I), en la cabeza de la flauta se encuentra el bloque, hecho normalmente de madera de cedro rojo, que forma el canal que conduce el flujo de aire hacia la ventana donde se encontrará con el bisel y producirá el sonido que luego se modulará en el cuerpo de la flauta al tapar unos u otros orificios para emitir la nota adecuada.

El aliento con el que soplamos es húmedo (aún soplando seco, es decir, sin expulsión de saliva) y caliente: desde los pulmones hasta la boca está en contacto tanto con nuestra humedad corporal como con nuestra temperatura. Si un flujo de aire húmedo y caliente (unos 35º ó 36º) entra en contacto con un cuerpo más frío (bloque y techo del canal que estarán a temperatura ambiente) la humedad se condensará sobre el cuerpo más frío en forma de minúsculas gotas. Son estas gotas las que por aparecer en exceso o crecer en tamaño obstruyen el canal y afectan al sonido, apareciendo los síntomas de afonía.

Parece inmediato que si igualamos las temperaturas este fenómeno se reducirá drásticamente. Es fácil comprender que no podemos disminuir la temperatura de nuestro soplido, así que el único factor que podemos alterar en esta ecuación es la temperatura del canal, y esto se consigue calentando la cabeza de la flauta. Pero el calor no puede ser excesivo ni agresivo, así quedan por tanto descartadas fuentes de calor como mantas eléctricas, secadores de cabello, calefactores varios o la luz solar directa.

La mejor fuente de calor es nuestro propio cuerpo puesto que tiene la temperatura precisa a la que queremos tener el canal. Llevar la cabeza de la flauta pegada a nuestro cuerpo es el mejor método: bajo el brazo, sujeta con ambas manos o en un bolsillo del pantalón son buenas maneras. De las tres, quizá la segunda puede ser más lenta; sujetarla bajo el brazo tiene el riesgo de que se nos caiga y lo de meterla en el bolsillo del pantalón va a depender del tamaño del bolsillo, del tamaño de la cabeza de la flauta y que llevemos o no pantalón.

Brian Blood, en un completo tratado sobre cuidados para la flauta de pico que podéis consultar en la web de Dolmetsch recomienda

"Antes de tocar, calentar la cabeza envolviéndola en una gruesa toalla y colocarla durante 10 ó 15 minutos dentro de una bolsa o maleta junto a una templada (¡no caliente!) botella de agua caliente".

Con la cabeza convenientemente calentada y soplando seco vamos a conseguir minimizar los efectos de la condensación en el canal. Y si el rodaje realizado en su día se hizo bien, el mismo bloque será capaz de absorber parte de la humedad y dejar pasar al tubo sonoro la que no pueda absorber, sin que haya prácticamente condensación.

Por último, hay en el mercado líquidos para reducir la condensación que, en esencia, no son más que agua jabonosa. La solución jabonosa reduce la tensión superficial y evita la formación de las gotas que son las que obstruyen el canal y provocan la afonía momentánea. A través de la ventana se depositan unas gotas de la solución y se dejan resbalar por el interior del canal hacia el pico de la flauta. El propio recipiente suele venir provisto de un dosificador o cuentagotas que facilita la aplicación. Fabricantes como Moeck o Mollenhauer tienen este tipo de productos en su catálogo.

En cualqueir caso, si la afonía empieza a ser casi una constante a pesar de haber calentado la cabeza, de soplar seco y de un ambiente templado, podemos encontrarnos ante un síntoma de que la flauta necesita pasar a manos de un experto que la someta a un revoicing, porque posiblemente lo que ocurre es que tanto el bloque como la madera del techo del canal pueden haberse deformado irreversiblemente por acción de la humedad alterando las dimensiones del canal.

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